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Capítulo 5

EL BORDADO DE SUZHOU

El arte impresionante de “pintar” con seda.

Autores del capítulo

JEFFREY S. KINGSTON

Autores del capítulo

JEFFREY S. KINGSTON
EL BORDADO  DE SUZHOU
EL BORDADO DE SUZHOU
Número 15 Capítulo 5
EL BORDADO  DE SUZHOU

EL ARTE DEL BORDADO CON SEDA, a veces descrito como pintura con aguja, tiene una rica tradición en China.

“El artista no es nada sin el don, pero el don no es nada sin el trabajo”.

Émile Zola

Con independencia de su opinión sobre gran parte del arte moderno y, en particular, de la importancia relativa de la inspiración frente al intenso trabajo que exige la creación, si alguien contempla las exquisitas imágenes entrelazadas con hilos de seda de Juying Lu y su hija, Meihong Lu, no tendrá ninguna duda sobre el asombroso grado de laboriosa minuciosidad invertido en todas y cada una de estas obras de artesanía. Técnicamente lo que hacen son “bordados”, pero para muchos esa palabra conlleva una idea descaminada, pues evoca imágenes de toallas, manteles individuales, zapatillas y decenas de otros objetos utilitarios. El bordado de Juying y Meihong Lu es “pintura” hecha con seda. Usando hilos de un espesor microscópico, crean retratos, paisajes, flores e imágenes de animales, con toda la profundidad y el detalle de los mejores pintores realistas. Así pues, se debe desterrar toda idea de este bordado como una forma de decoración para los productos utilitarios básicos, y concebirlo en cambio como una forma noble de la expresión artística.

El arte del bordado con seda, a veces descrito como “pintura con aguja”, tiene una rica tradición en China. Sus raíces se remontan a más de 2.500 años en Suzhou, y muchos estudiosos encuentran sus orígenes en otras partes de China, hace 5.000 o 6.000 años. Hay cuatro escuelas tradicionales del arte de bordado chino: Suzhou, Hunan, Guangdong y Sichuan. Se puede generalizar —aunque, por supuesto, hay excepciones— diciendo que Suzhou es el más refi nado, exuberante y delicado; el estilo Hunan insiste en los tonos negro, blanco y gris; la escuela de Guangdong, en los diseños simétricos, y la de Sichuan, la más antigua de las cuatro, se especializa en la decoración de colchas, almohadas, ropa y pantallas.

Madre e hija viven en Suzhou, en el este de China, a una hora y media en coche de Shanghái. Aunque la ciudad se jacta de su tradición de bordado, que se remonta a más de dos milenios y medio, y sitúa los orígenes de la artesanía en las elaboradas banderas de batalla hechas a mano, en realidad esta forma de arte había quedado extinguida después de la Revolución Cultural. Juying aprendió a bordar de su madre, desde los 7 años. Para ella era la continuación de una tradición familiar que se remontaba a varias generaciones. En su juventud, los bordadores de Suzhou se dedicaban en gran parte a decorar prendas para ocasiones especiales y vestiduras funerarias. La razón de que el bordado estuviera confi nado a los objetos utilitarios era de tipo práctico. La gente luchaba por comer y sobrevivir, y era impensable gastar en arte.

La pintura con aguja de SUZHOU se distingue por su FINURA.

Cuando Juying pudo finalmente reanudar su arte sin obstáculos, en la década de 1980, dejó de centrarse en la decoración de objetos útiles, y comenzó a “pintar” con seda. La decisión no fue fácil, ya que sus ingresos no eran aún muy diferentes de los de la etapa anterior. No obstante, resolvió que se dedicaría a obras puramente artísticas, e incluso a la forma perfeccionada que más tiempo lleva, a saber, la pintura con seda de doble faz. Para los que están familiarizados con el bordado tradicional, la primera impresión ante un bordado de doble faz es de sorpresa. ¿Cuál es la parte trasera? ¿Dónde están los nudos de los puntos? No hay parte trasera. No hay puntos visibles. En cambio, hay dos imágenes diferentes, una en cada lado del lienzo. Parece un truco de magia. Se piensa que el lienzo está formado por dos piezas. Tal vez hay una división invisible, que esconde las partes traseras y los nudos. La respuesta es que no hay truco. No hay dos piezas de tela. No hay divisiones ocultas. En cambio, como se verá más adelante, finos hilos de seda de un espesor microscópico unen a la vez dos hilos, uno para cada lado; los nudos quedan ocultos a medida que se cosen en un ángulo de 90 grados y, por lo tanto, son invisibles desde ambos lados. Así pues, el truco de magia reside en la destreza de la mano.

La pintura con aguja de Suzhou se distingue por su delicadeza. Dejando atrás a todas las otras escuelas chinas de bordado, el hilo utilizado en Suzhou es el más delgado. Cada hilo de seda utilizado se divide —a mano— hasta alcanzar un diámetro impresionante, de hasta 48 veces menor que el diámetro del original. Solo con ese calibre imposiblemente delgado puede el artista lograr el refi nado detalle de estos cuadros, que compite con las pinceladas casi microscópicas de los grandes maestros holandeses.

El empeño de Juying en resucitar el arte de la pintura con aguja fina le supuso un largo camino. Su primer esfuerzo, después del paréntesis de ocho años durante la Revolución Cultural, fue para un quimono. Una broma de su hijo, que dio vuelta el quimono de adentro hacia afuera, fue para ella la plataforma de lanzamiento. Sus vecinos y las autoridades locales quedaron sorprendidos por la belleza del reverso del quimono bordado. Animada por ellos a crear obras para vender, Juying dio un nuevo paso y decidió bordar la imagen de un gato en doble faz. Esta decisión fue para ella un esfuerzo pionero en dos aspectos. Fue el primer trabajo de doble faz que se hizo en Suzhou y fue también la primera obra de arte que creó para vender. Trabajó muchos meses antes de que la obra estuviera terminada. Debido a su situación, no podía darse inmediatamente el lujo de comprar un bastidor que sujetara la tela. Pese a ser una pieza impresionante, incluso sin el bastidor, la venta no se hizo de la noche a la mañana. Sus esfuerzos para venderla a los restaurantes locales fracasaron tristemente. Sin embargo, perseveró y finalmente su insistencia fue recompensada y, casi simultáneamente, recibió una beca del gobierno para comprar un bastidor. El precio de venta, de 700 yuanes (menos de CHF 100), era para ella un importe exorbitante, pues representaba más de tres veces los ingresos de un año.

EL BORDADO  DE SUZHOU

El éxito de esta técnica redescubierta es tal que los SALONES DE EXPOSICIÓN DEL ARTE DEL BORDADO AHORA DOMINAN EN SU TOTALIDAD UN DISTRITO DE SUZHOU.

Ese triunfo inicial fue el trampolín para que floreciera su carrera personal, pero también el arte del bordado de Suzhou. A su primera venta siguieron otras, en Shanghái, en 1982, y dos años después en Beijing. Fueron años de un esfuerzo inimaginable, pues durante el día realizaba un trabajo convencional y por la noche bordaba. Para vender sus obras viajaba en autobús. El reconocimiento formal de su talento llegó en 1985, cuando recibió un premio del gobierno. A medida que su fama crecía, el presidente Nixon y la reina Isabel de Inglaterra adquirieron algunas de sus obras; en ambos casos eran gatos de doble faz.

Su técnica también maduró en esos años. Desarrolló un sistema para realizar sus puntadas en capas, a fin de dar a sus pinturas más vida y profundidad. En cada capa sucesiva, usaba un hilo de seda más delgado. Se trataba de una nueva técnica para el arte de la pintura con aguja, que ella denominó “de hilo dividido”.

A medida que creció su éxito, el gobierno local en 1990 la nombró oficialmente encargada de desarrollar y ampliar esa forma de arte en la ciudad. En una palabra, su tarea sería hacer de Suzhou un centro del bordado artístico. Como parte del programa se asignaron fondos para la construcción de edifi cios para talleres y salas de exposición. Por su cuenta, Juying ha formado en el arte del bordado a 8.000 mujeres en Suzhou. Por supuesto, su hija está incluida en esa cifra. Ha enseñado a sus discípulas la técnica de ver con sus ojos por encima del bastidor y de “ver” con las manos por debajo. Y, aunque pudiera pensarse que las clases atraerían en un 100% a las mujeres, de hecho unos pocos hombres practican ese arte, si bien no son muchos. Juying cuenta tres o cuatro hombres que han seguido esa vocación. Las salas de exposición del arte del bordado ahora dominan esencialmente la totalidad de uno de los distritos de Suzhou, tienda tras tienda, una tras otra, incluida la de las Lu, alineadas a lo largo de la calle Xiupin. Con simplemente mirar esa calle, Juying puede saber que todo eso fue posible gracias a su trabajo pionero.

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Uno de los motivos que llevan la firma de Lu son los PAISAJES.

Uno de los motivos que llevan la firma de Lu son los PAISAJES.

La madre y la hija se dedicaron al bordado cuando tenían apenas 6 o 7 AÑOS DE EDAD.

En la actualidad, Juying solo puede trabajar dos horas al día, y es su hija quien ha asumido la administración del estudio. La vida de Meihong ha estado dedicada singularmente a la artesanía de su madre. Como ella, comenzó a bordar cuando no tenía más de 6 o 7 años. Aunque inicialmente Juying se resistió a la idea de que Meihong asistiera a la universidad, luego cambió de opinión y su hija pudo seguir cursos para estudiar arte, dibujo y pintura. Naturalmente, ello le ha servido bastante en el estudio y ha utilizado las habilidades adquiridas para ampliar los motivos de bordado. Mientras que los temas favoritos de su madre siguen siendo los gatos y otros animales, Meihong prefiere las flores y los retratos. Estos son los más difíciles de todos, en particular cuando se bordan los ojos. Para que esas ventanas del alma cobren profundidad, Meihong utiliza el hilo de seda más fino posible, con lo que logra el grado de detalle que se necesita para darles vida.

Así como su madre fue pionera en el arte de la doble faz en Suzhou, Meihong fue la primera en introducir la pintura con aguja de una sola faz. Su idea era que los cuadros de doble faz requieren demasiado espacio cuando se muestran. Por otra parte, no tendría ningún sentido mostrarlos de un solo lado. Para que ambas partes sean visibles, la pieza tendría que instalarse de alguna manera separada de una pared. El bordado en una sola faz ofrecía la ventaja de poder colocarse en una pared de la misma manera que una pintura convencional. Aunque este tipo de bordado se había utilizado antes para decorar objetos, cuando Juying lo introdujo todos los artesanos siguieron su ejemplo con obras de doble faz. Se produjo un fenómeno similar cuando Meihong empezó con la pintura con aguja de una sola faz. En la actualidad, muchos artistas han adoptado este tipo de bordado y ambas formas prosperan en la ciudad.

EL BORDADO  DE SUZHOU
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Para mantener un toque innovador en su arte, Meihong se ha dedicado a la CREACIÓN DE NUEVOS MOTIVOS.

A medida que su carrera ha progresado, Meihong se ha percatado de los retos que debe superar el bordado de Suzhou. El principal es que ese arte debe renovarse y evolucionar en un mundo en rápida transformación. Por supuesto, todavía sigue buscando la guía de su madre, pero al mismo tiempo ha incursionado en innovaciones que combinan la tradición con la modernidad. Uno de sus esfuerzos se ha orientado a crear nuevos motivos. Como a Meihong le gustan las flores, ha desarrollado técnicas y métodos de bordado únicos para diseños florales con pintura con aguja.

Hoy en día, las pinturas con aguja de Suzhou han viajado lejos de las fronteras de China. Las obras se importan actualmente a galerías de toda Europa y Estados Unidos, y se ofrecen a la venta también por Internet. 

EL BORDADO  DE SUZHOU

Capítulo 06

De cena en BEIJING

Aventurándose a las fuentes en Beijing: pato y cordero mongol.

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JEFFREY S. KINGSTON
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