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Capítulo 4

Las fases DE LA LUNA

Un símbolo para Blancpain.

Autores del capítulo

JEFFREY S. KINGSTON

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JEFFREY S. KINGSTON
Las fases DE LA LUNA
Las fases DE LA LUNA
Número 16 Capítulo 4

LAS FASES DE LA LUNA HAN JUGADO UN PAPEL PREPONDERANTE en las religiones, los calendarios y la vida cotidiana.

Dos astros y sus órbitas dominan el cielo. En orden de importancia, uno es netamente superior al otro. En efecto, si el primero no existiera, jamás hubiese habido vida en la Tierra. A pesar de que la desaparición del segundo astro cambiaría, ciertamente, la fase del mundo, esto no perturbaría la supervivencia en nuestro planeta. Por muy extraña que pueda parecer esta afirmación, en los últimos milenios, la atención de los eruditos y apasionados se ha volcado más hacia el menos importante de estos cuerpos celestes. Obviamente nos referimos a la Luna. Esta constatación no implica que nuestras prioridades estén invertidas, sino que el Sol, por su intenso fulgor, no permite ningún tipo de estudio a simple vista, y resulta imposible admirarlo y contemplarlo del mismo modo que a la Luna.

Justamente porque la Luna se presta más a la observación que el Sol, el satélite terrestre siempre ha despertado y encendido la imaginación de los pueblos de la Antigüedad, en particular en Mesopotamia, India y Egipto. Y no solo allí, pues también otras civilizaciones adoptaron la Luna como elemento central de su religión. Con sus fases sucesivas, que se repiten con regularidad, el astro nocturno ocupa un lugar esencial en la división del tiempo en días, meses y años. Desde tiempos inmemoriales, y aún hoy, el calendario chino se basa en el ciclo lunar. Los occidentales están tan acostumbrados al calendario gregoriano promulgado por el papa Gregorio XIII –que se basa en el Sol– que ya se han olvidado que en el pasado la Luna desempeñaba el papel principal en los cálculos destinados a medir el paso de los días. Así, el calendario juliano instaurado por Julio César tomaba el Sol y la Luna, a la vez, como sus elementos centrales. En una época no muy lejana, el calendario romano definía los meses en función de la Luna, cuyas fases representaban una división mensual. Al continuar nuestro viaje a través del tiempo, no podemos olvidar que los antiguos griegos concebían su calendario únicamente en base a la Luna, pues cada nuevo mes empezaba con la luna nueva, mientras que la luna llena se consideraba un día de fiesta.

Además de tener un fuerte significado religioso y destacar en los calendarios, las fases de la luna cumplían un papel primordial en la vida cotidiana. Antiguamente, antes de la creación de los distintos sistemas modernos de iluminación, los campesinos elegían las noches de luna llena –que ilumina el cielo con una claridad veinticinco veces superior al cuarto de luna– para realizar por la noche las labores que no habían podido hacer durante el día. Las expresiones “luna de cosecha” –que definía la luna más cercana al equinoccio otoñal– o “trabajar bajo el claro de luna” evocaban las horas extras efectuadas fuera del horario normal.

El conocimiento de las fases de la luna también ha tenido importancia en la estrategia militar. A Julio César le gustaba lanzar ofensivas bajo el cielo oscuro de la luna nueva con la esperanza de que la oscuridad desorientara al enemigo y aumentara su desconcierto. El general Eisenhower, en cambio, profesó una filosofía inversa en la preparación del desembarco de Normandía: eligió el día más cercano a la luna llena, pues necesitaba toda la claridad posible para que los pilotos de los planeadores soltaran a los paracaidistas detrás de las líneas enemigas la noche antes del día D.

Las fases DE LA LUNA
Las fases DE LA LUNA

La representación de las fases de la luna era ya un elemento central EN LOS PRIMEROS RELOJES.

Con estos antecedentes, no puede sorprendernos que la visualización de las fases de la luna tuviera un rol central, desde buen principio, en la aparición de los primeros guardatiempos. Se cree que la representación más antigua de las fases lunares fue construida por Arquímedes unos 200 años antes de Cristo. Aunque este instrumento se ha perdido irremediablemente, las referencias históricas nos demuestran su existencia. En concreto, Cicerón lo evoca en su obra De Republica cuando se refiere al botín que Marcus Claudius Marcellus se llevó de la conquista de Siracusa. Al parecer eran dos objetos: uno estaba en el templo de Vesta y el otro cayó en manos de Marcellus durante una batalla. Según las descripciones que hicieron los autores de la Antigüedad, estas máquinas esféricas ofrecían representaciones de la luna creciente y menguante.

El célebre mecanismo de Anticitera es de mayor complejidad. En 1901 se descubrieron algunos fragmentos de este instrumento, que desapareció mientras viajaba de Rodas a Roma entre los años 80 y 50 a. de C. Las técnicas modernas han permitido demostrar que este aparato, extremadamente sofisticado, estaba dotado de un complejo sistema de rodajes que no solo calculaba los meses siderales y sinódicos (los meses siderales se definen con respecto a un astro lejano, mientras que los meses sinódicos lo hacen con respecto a la Luna), sino que también incorporaba grabados que adoptaban la forma de una esfera con indicaciones de las fases de la luna y, más sorprendente aún, de las horas del amanecer y de la puesta del sol.

Los siguientes progresos fueron obra de los relojeros árabes del siglo XII. Se atribuye a al-Jazari la construcción de un reloj de agua que incorporaba un disco de luna con veintiocho aberturas dispuestas a intervalos regulares y concebidas para representar las fases de la luna. El reloj no funcionaba de manera autónoma y exigía la intervención manual de un operador, que hacía girar el disco lunar para indicar la fase correcta. Una lámpara, dispuesta en el fondo, permitía reproducir con gran exactitud la visión real del satélite terrestre en el cielo nocturno.

LA VISUALIZACIÓN de las fases de la luna por ventanilla y disco DE LA FECHA DATA DE 1221.

En 1221 vio la luz un precursor aún más cercano de los relojes con fases de la luna: el astrolabio de Muhammad ibn Abī Bakr al-Ibarī de Ispahan. Un complejo juego de rodajes, que en muchos aspectos parecía una construcción moderna con su combinación de ruedas y piñones, no solo mostraba la fase y la edad de la luna, sino que representaba también las distintas posiciones de la Tierra respecto al Sol y a la Luna. Este sistema de engranajes y discos se convirtió en el modelo que a lo largo de los siglos se impuso en la construcción de péndulos y otros guardatiempos, como constataremos más adelante. Conviene notar, en particular, que al-Ibarī colocó detrás del reloj una abertura tras la cual dispuso un disco rotativo sobre el que figuraban dos discos negros opuestos. A medida que el disco completaba su rotación detrás de la ventana, la fase de la luna crecía o menguaba. Un disco totalmente negro ubicado detrás de la ventana representaba la luna nueva, mientras que al contrario, el plenilunio se ilustraba con la parte clara del disco. Los apasionados de la relojería reconocerán sin duda esta descripción, ya que el sistema de discos giratorios dispuestos detrás de una ventana se impuso de manera natural para representar las fases lunares en los relojes de pulsera contemporáneos, entre ellos las creaciones de Blancpain.

Lógicamente, antes de imponerse como norma en los relojes de pulsera, la representación de al-Ibarī conquistó las esferas de los relojes de bolsillo, que también poseían una indicación de las fases de la luna. Al respecto, es importante recordar que los relojes vieron la luz antes de la invención del volante. Debido a esto, se caracterizaban por su imprecisión, pues no había manera de regular con exactitud la descarga del muelle que los alimentaba de energía. No obstante, la integración de una complicación, como las fases de la luna, se consideraba importante y era relativamente habitual. En 1675, el matemático holandés Christiaan Huygens descubrió el principio del volante, que permitió empezar a crear sistemas de escape capaces de medir las horas con gran exactitud. Posteriormente, las fases de la luna se asociaron a otras complicaciones para añadir un interés complementario a los relojes, que desde aquel momento ya eran capaces de cumplir perfectamente su misión.

Unos siglos después, la visualización de las fases de la luna tuvo un papel primordial en la historia de la relojería. En 1970, gran parte de la industria relojera suiza sufrió los terribles estragos de la crisis del cuarzo. El mercado se vio inundado de este tipo de relojes, que se vendían a precios bajos y, como si esto fuera poco, eran extremadamente precisos. Al principio los fabricantes trataron de luchar en el mismo campo que la competencia y simplificaron sus relojes al extremo. Sin embargo, a pesar de que la supresión de complicaciones logró reducir considerablemente los precios, la mecánica no podía competir contra el cuarzo, que a pesar de todos los esfuerzos seguía siendo más barato. Los fabricantes suizos empezaron a cerrar sus puertas uno tras otro, o buscaron la salvación uniendo sus destinos.

El astrolabio de 1221.

El astrolabio de 1221.

Cuando en el transcurso de la década de 1980 la manufactura Blancpain adoptó su forma actual, su visión cambió radicalmente. En lugar de competir con los relojes de cuarzo en el segmento de entrada de gama, Blancpain optó por demostrar que los guardatiempos mecánicos de calidad se distinguían de los demás por los conocimientos especializados y la pericia que requería su creación. Un reloj es un logro mecánico que revela un extraordinario saber hacer y muchos siglos de tradición relojera. ¿Y qué mejor manera de ilustrar este logro que con la indicación de las fases de la luna? Así, en lugar de liquidar o malvender sus competencias relojeras, arraigadas desde tiempo atrás en el Valle de Joux, Blancpain las valorizó con la presentación en 1983 de un reloj dotado de la visualización de las fases de la luna. El aspecto romántico de esta función, que evoca la rica historia de los relojes de bolsillo y de los primeros relojes de pulsera, no solo propulsó la manufactura Blancpain a la cumbre de la Alta Relojería, sino que mostró el camino para superar victoriosamente el fenómeno del cuarzo. Las fases de la luna se convirtieron en el triunfo que permitió que los relojeros proclamaran que un prestigioso reloj mecánico no se podía comparar con un reloj de cuarzo. Mejor aún, Blancpain demostró que el cuarzo jamás podría reemplazar a una compleja creación relojera mecánica, minuciosamente realizada a mano.

A partir de 1983, las tan preciadas fases de la luna se convirtieron en un símbolo y en una característica emblemática de Blancpain. El apego de la Casa al ciclo del astro nocturno la condujo a representar las fases lunares en un importante número de piezas, superior al de cualquier otro fabricante. La disposición del primer modelo, que representaba las fases a través de una ventanilla situada a la altura de las 6 horas y acompañada por pequeñas ventanillas para el día de la semana y el mes, así como por una aguja suplementaria para indicar la fecha, se convirtió en una referencia para Blancpain.

Desde entonces, muchos hitos han marcado la evolución de los relojes Blancpain dotados de esta emblemática y hoy icónica indicación:
- aumento de la reserva de marcha de 40 a 48 horas;
- presentación de un modelo con precisión de marcha de 100 años, incluyendo una edición limitada muy codiciada de una versión con caja semisaboneta;
- insólita edición aniversario en 2003, con su masa oscilante “hombre sobre la Luna” esculpida a mano;
- primer reloj de pulsera del mundo dotado de correctores bajo asas que permiten ajustar todas las indicaciones con la punta del dedo. Gracias a este dispositivo se pudieron retirar los correctores del flanco de la caja para presentar un perfil liso y elegante;
- introducción de las fases de la luna en la línea Blancpain Women;
- lanzamiento de la colección L-evolution, el primer reloj con calendario completo y fases de la luna con una reserva de marcha de ocho días y un módulo de calendario/fases de la luna con sistema de seguridad que protege el mecanismo contra cualquier daño que se pudiera originar si por error el propietario ajustara su reloj durante el cambio de las indicaciones;

El Blancpain Women Quantième Complet.

El Blancpain Women Quantième Complet.

Villeret Quantième Complet 8 Jours.

Villeret Quantième Complet 8 Jours.

- primer reloj de buceo con calendario completo e indicación de las fases de la luna, en la colección Fifty Fathoms;
- modelo actual Villeret, que reúne las tres últimas innovaciones: ocho días de reserva de marcha, correctores bajo asas y mecanismo de seguridad de calendario y fases de la luna.

En sus tres décadas de evolución, el movimiento ha experimentado numerosas mejoras. En la actualidad, los volantes de inercia variable, que incorporan tornillos de regulación de oro, están dotados de espirales de silicio que ofrecen una mayor precisión y una elevada protección contra los campos magnéticos. Los modelos con ocho días de reserva de marcha están equipados con tres barriletes.

Si bien ha aumentado de forma considerable el número de modelos con la hoy clásica visualización del calendario completo con fases de la luna, su asociación con otras complicaciones también ha hecho evolucionar su apariencia. En la colección actual, Blancpain ofrece las fases de la luna en una gran variedad de modelos con calendario perpetuo. Entre estos se incluyen en la colección Villeret tanto el Quantième Perpétuel 8 Jours como el Quantième Perpétuel. Antiguamente, Blancpain presentaba en la colección Le Brassus el Quantième Perpétuel Chronographe Flyback à Rattrapante.

Otros dos calendarios complejos con fases de la luna merecen una atención especial. Ambos son primicias mundiales y exclusivos de Blancpain. El primero es el Villeret Équation du Temps Marchante. Este reloj no solo posee un calendario perpetuo con visualización de las fases de la luna, sino que también, cuando empezó con la colección Le Brassus este fue el primer reloj de pulsera de la historia dotado de una ecuación activa del tiempo. El modelo presenta unas fases de la luna inusuales para Blancpain, ya que en lugar de presentar la ventanilla clásica con el disco de la luna que gira hacia atrás, la esfera del Villeret Équation du Temps Marchante contiene un disco que ilustra la luna llena, la luna nueva y los cuartos, indicados uno tras otro mediante una aguja retrógrada. Esta creación, que fue primicia mundial cuando se presentó en 2004, ha conservado su aura de unicidad, ya que a día de hoy sigue sin haber ningún otro reloj de pulsera dotado de las mismas complicaciones.

Existen relojes con fases de la luna EXCLUSIVOS DE BLANCPAIN.

El segundo reloj exclusivo de Blancpain es el Villeret Calendrier Chinois Traditionnel. Al igual que el Villeret Équation du Temps Marchante, este también fue en su momento una primicia mundial. Extremadamente complejo, el movimiento del Villeret Calendrier Chinois Traditionnel asocia los calendarios chino y occidental. Las indicaciones del calendario chino comprenden el zodíaco, el mes y los meses intercalados, los años, los troncos celestes, el yin/yang y las horas chinas. En el lado occidental figuran el calendario y, naturalmente, las fases de la luna. Los expertos diseñadores de la Manufactura ubicaron cinco correctores bajo las asas y sobre el fondo de la caja para los ajustes del calendario, cuya complejidad supera en gran medida la de un calendario perpetuo.

Existe un tercer reloj único de Blancpain, el Carrousel Volant Une Minute. Desarrollado originalmente por el relojero danés Bahne Bonniksen, el carrusel estaba destinado, al igual que el tourbillon, a compensar los errores de marcha de los relojes de bolsillo en la posición vertical. Los relojes dotados de un carrusel alcanzaron un inmenso éxito en el momento de su lanzamiento y dominaron los concursos de los observatorios, con resultados superiores a los tourbillons de aquel entonces. Lamentablemente, el conocimiento especializado necesario para su construcción cayó en el olvido, hasta que Blancpain le volvió a dar vida en 2008. Con indicación de la fecha y de las fases de la luna, el Villeret Carrousel Phases de Lune es el único reloj del mundo que conjuga las fases de la luna con un carrusel.

Otro reloj Blancpain figura por derecho propio en esta lista, el 1735. Aunque esta serie limitada de 30 piezas está agotada desde hace mucho tiempo, es importante recordar que era el reloj de pulsera de carga automática más complicado del mundo. Protegido en el interior de una caja de platino, su mecanismo incorporaba un calendario perpetuo con fases de la luna, una repetición de minutos, un cronógrafo de ratrapante y un tourbillon.

Tanto por su número como por su diversidad, las indicaciones de las fases de la luna de Blancpain son únicas. Por eso, y por el papel esencial que esta complicación bella y misteriosa tuvo en el renacimiento de la Casa y del conjunto del sector relojero suizo, es natural que se haya impuesto como una de las características emblemáticas de Blancpain. •

El Villeret Calendrier Chinois Traditionnel.

El Villeret Calendrier Chinois Traditionnel.

Capítulo 05

JOËL ROBUCHON

El chef más aclamado de nuestro tiempo.

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JEFFREY S. KINGSTON
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