Capítulo 2
Los desafíos, los reveses, las inspiraciones, y, sobre todo, las emociones de la aventura de ocho años que condujo a la Grande Double Sonnerie.
¿Cuál es el término adecuado para des cribir una gestación relojera que ha dura do ocho años? «¿Proyecto?» Demasiado anodino. «¿Viaje?» Se acerca más a lo que ocurrió, pero «viaje» implica un trayecto recto del principio al fin, con toda la emoción de un vuelo a NY, sin giros ni desvíos. «Aventura» resuena, porque abarca los desafíos, los reveses, las inspi raciones y, sobre todo, las emociones y las recompensas a medida que el diseño evo lucionaba. Esta es la historia de la aven tura de ocho años que ha conducido a la Grande Double Sonnerie de Blancpain.
En muchos sentidos, las raíces de la aventura de la Grande Double Sonnerie se remontan incluso más allá de ocho años. En los años ochenta, el Blancpain moderno emprendió el desarrollo de guardatiempos que representaban, por entonces, toda la amplitud de los desafíos de la relojería clásica: extraplanos, calendario completo con fase lunar, calendario perpetuo, cronógrafo rattrapante, tourbillon y repetición de minutos. Bautizados como las «Six Masterpieces», estos guardatiempos se vendían como conjunto. Posteriormente, como colofón de las Six Masterpieces, Blancpain incorporó todos estos elementos en una gran complicación denominada 1735. Se trataba de una edición limitada de 30 piezas que reunía un calendario perpetuo con fase lunar, cronógrafo rattrapante, tourbillon y repetición de minutos en un único movimiento de carga automática extraplano (teniendo en cuenta su impresionante nivel de complicaciones). Para su época, el 1735 fue el reloj de pulsera de carga automática más complicado del mundo.
Esa historia de hace 40 años sustenta la nueva Grande Double Sonnerie. El CEO y presidente de Blancpain, Marc A. Hayek, ha llegado a considerar que las colecciones de Blancpain forman un círculo. Cuando tomó las riendas, la Maison estaba centrada principalmente en relojes de vestir y complicaciones clásicas. En los primeros años descubrió otras dimensiones, las ricas historias del pionero Fifty Fathoms, el primer verdadero reloj de buceo del mundo, y de el Ladybird,el reloj redondo más pequeño del mundo. Ello lo llevó a ampliar el foco de Blancpain, con el objetivo, en sus palabras, «para devolverles la vida» y completar el círculo, con todos estos elementos de la historia de Blancpain expresándose vívidamente en la colección. Tras devolver el Fifty Fathoms, incluyendo el Bathyscaphe, de un letargo de 20 años y situarlos de nuevo en la cúspide del mundo de los relojes de buceo, y tras revitalizar la línea femenina Ladybird, Hayek dirigió su atención al sonido. Sí, Blancpain había desarrollado nada menos que cuatro variantes distintas de repetición de minutos: una repetición extraplana pionera, una repetición con autómatas, una repetición con carrousel y, por supuesto, el 1735. Sin embargo, Hayek vio que, desde la época de esos guardatiempos, las metas habían cambiado.
El desarrollo de las grandes sonneries de pulsera establecieron una nueva apoteosis de los relojes sonoros. Así pues, Hayek decidió ampliar los horizontes tanto de Blancpain como de la relojería, creando no solo una grande sonnerie, sino una que elevara el arte y, al mismo tiempo, mostrara la fidelidad de Blancpain a su lema de «nuestra tradición es la innovación».
Si uno se deja llevar por resúmenes tomados desde 30.000 pies, podría denominar la aventura, en una frase breve, «la creación de una grande sonnerie Blancpain». Sin embargo, la emoción, los desafíos, la vida del proyecto residían en los detalles. Por supuesto, muchos de esos detalles se referían a la grande sonnerie en sí, pero los demás elementos de esta gran complicación tienen sus propias historias que contar, que emergen a medida que la aventura se despliega. La sonnerie, no obstante, fue el foco desde el primer día. A pesar de las décadas de historia de Blancpain produciendo repeticiones de minutos, crear una grande sonnerie era más que un simple paso evolutivo. Mucho más. En su forma básica, el repique del tiempo se basa en dos tonos: un tono grave para las horas y un tono más agudo para los minutos.
Los cuartos de hora se componen de ambos tonos, por lo general el tono agudo de los minutos seguido del tono grave de las horas, interpretado una vez a :15, dos veces a :30 y tres veces a :45. La primera grande sonnerie de pulsera, creada en la Vallée de Joux en 1992 por el renombrado relojero independiente Philippe Dufour, siguió este mismo guion utilizando esta fórmula de dos tonos. Fue un gran logro cuando debutó.1
Desde el primer día, Hayek quiso ir más allá. Quería que el repique del tiempo incluyera una melodía. Eso significaba que debían existir más de dos tonos. Quería cuatro tonos. Hacer sonar una melodía de cuatro tonos se situaría en el límite mismo de lo que puede lograrse en los confines de una caja de reloj de pulsera, ya que cada tono requeriría su propio mecanismo de golpeo. Así, cuatro tonos duplican la complicación de dos. En realidad, más que duplican, si se tenemos en cuenta los desafíos asociados a integrar muchos más componentes adicionales en una caja de tamaño de reloj de pulsera. A medida que la aventura va avanzando, veremos que Hayek descubre que existía una frontera aún más lejos que podía añadirse al desarrollo.
Más allá de aportar una melodía al repique del tiempo, Hayek, desde el inicio, añadió otros dos objetivos. El reloj resultante debía ser llevable. Algunas de las grandes sonneries de pulsera existentes, incluso las variantes de dos tonos/ de dos martillos eran enormes, de hasta 50 mm de diámetro y 20 mm de grosor. Una gran complicación que nunca podría acomodarse bajo el puño de una camisa no es realmente un reloj. Eso es un «habitante de la caja fuerte», un objeto que se saca para exhibirlo pero que, por lo demás, reside en una caja protegida. Como lo expresa Hayek, «¡no hay nada más triste que un reloj que no se lleva!»
El elemento adicional era un poco más difícil de definir, pero no menos vital. En sus palabras, «el reloj tenía que hacerte sonreír».
Así pues, este fue el desafío inicial que Marc Hayek planteó al equipo de diseño del movimiento: una grande sonnerie con las funciones grand, petite y repetición de minutos; una melodía compleja de cuatro tonos; todo ello dentro de una caja de reloj fácilmente llevable. Y la «sonrisa».
Normalmente, un proyecto de desarrollo de un reloj comienza y continúa de manera bastante directa hasta su conclusión. Como describe Hayek esta aventura de la grande sonnerie, «cada vez que levantaba la tapa para ver qué había, salía algo nuevo».
1 En realidad, puede afirmarse con fuerza que la Grande Sonnerie de Dufour de 1992 no fue la primera grande sonnerie construida en las dimensiones de un reloj de pulsera. ¡Esa corona pertenece a Blancpain! En 1892, Louis-Elysée Piguet, padre de la rama Piguet en el árbol genealógico de la familia Blancpain, creó un reloj de bolsillo femenino con grande sonnerie y un diámetro de movimiento de 32 mm. El reloj de bolsillo de Piguet se convirtió en reloj de pulsera en la época moderna, ya que las dimensiones del movimiento eran plenamente compatibles con una caja de reloj de pulsera.
La GRAN COMPLICACIÓN de Blancpain de los años ochenta fue el 1735, que, para su época, era EL MÁS COMPLICADO reloj de pulsera DE CARGA AUTOMÁTICA del MUNDO.
Los esfuerzos iniciales se dedicaron al sonido y, en particular, a cómo mejorar la transmisión del sonido desde el movimiento hacia el exterior de la caja. No era solo una cuestión del volumen del sonido que emitiría la caja, sino también de las frecuencias, verificando que los tonos se transmitieran con plena fidelidad. Por ambiciosos que fueran los objetivos para la sonnerie en su punto de partida, Hayek elevó el proyecto aún más a medida que consideraba otros elementos que incorporar al reloj. Muy pronto, la atención se dirigió al elemento central de la medición del tiempo. En Blancpain había dos diseños prestigiosos entre los que elegir, cada uno de ellos una primicia mundial: el tourbillon volante, firma de Blancpain, el primer tourbillon volante para un reloj de pulsera, o el carrousel, el primer carrousel volante para un reloj de pulsera y, hoy, todavía único en el mundo de la alta relojería. Ambos ofrecían un rendimiento cronométrico superior, mitigando los errores de marcha causados por la gravedad. Una evaluación de diseño intensiva llevó a la conclusión de que la configuración del tourbillon estaba mejor adaptada para combinarse con la sonnerie. Aun así, Hayek vio margen de mejora al aumentar a 4 HZ la frecuencia del diseño de tourbillon existente.
A continuación, Hayek «levantó la tapa» de otro elemento que, a su vez, trazó el rumbo hacia un desafío adicional. El patrimonio del 1735 apuntaba a la dirección de añadir un calendario perpetuo. Él puso el listón más alto. Todas las demás grandes sonneries que incluían un calendario perpetuo lo hacían añadiendo al movimiento base una platina separada que soportaba el mecanismo del calendario, construido como módulo. Hayek quería un enfoque más elegante. En lugar de la construcción sándwich tradicional de varias platinas, el movimiento debía estar plenamente integrado. Es decir, el calendario, en vez de construirse como módulo, quedaría completamente incorporado en el movimiento, eliminando la necesidad de una platina separada. El objetivo no era batir un récord mundial, sino que Hayek lo veía como parte del imperativo inicial de «llevabilidad». Evitar una platina separada haría el guardatiempo más delgado. Esto significaba, sin embargo, no solo encontrar espacio para el calendario entre los demás elementos del movimiento, sino también un espacio en la esfera para todas las indicaciones perpetuas: fecha, mes, día de la semana y año bisiesto. En su repertorio, Blancpain contaba con una rica gama de diseños de calendarios perpetuos, ninguno de los cuales podía integrarse en el nuevo guardatiempo.
Se dedicaron meses de trabajo a estudios de viabilidad para la disposición general del movimiento. Cómo integrar un calendario perpetuo. Cómo situar, del lado de la esfera, los cuatro martillos de la sonnerie. Dónde ubicar el tourbillon. Estos estudios condujeron a un concepto totalmente nuevo para el calendario. Para encajar tanto en el movimiento como en la esfera, la fecha se mostraría mediante una aguja retrógrada. Al final de cada mes, la aguja regresaría rápidamente a la indicación «1» para el inicio del mes siguiente. Este enfoque no solo permitía una lectura fácil de la fecha, sino que dejaba sin obstáculos la vista de los elementos subyacentes del reloj... los martillos de la sonnerie y el tourbillon... Y una cosa más. Para los meses con menos de 31 días, la mayoría de los calendarios perpetuos deben pasar por «31» antes de llegar a «1». Así, para un febrero de 28 días, ya entrada la noche, la aguja de la fecha debe avanzar por 29, 30 y 31 antes de «1». El retrógrado elimina estas fechas ficticias, ya que la aguja regresaría directamente a 1 al final de un mes corto como febrero.
Con los conceptos generales definiéndose, 2015 se centró en los detalles en múltiples frentes. Para la sonnerie, surgieron dos elementos críticos. A partir de los estudios anuales sobre la transmisión del sonido desde el movimiento hacia el exterior del guardatiempo, Blancpain inventó un diseño innovador del bisel. Otorgar al bisel un grado de libertad de vibración e integrar en él una membrana sonora de configuración única respondía a los dos objetivos de volumen y calidad del sonido. Este diseño es objeto de una patente.
Para asegurar que el tempo de golpeo permanezca constante, toda sonnerie requiere un regulador que establezca un tempo agradable y precisamente regulado. Esto resulta particularmente exigente cuando el repique incluye una melodía. Clásicamente, los reguladores de sonnerie emiten un zumbido sordo, apenas perceptible en los mejores casos. El equipo de diseño de Blancpain fue más allá, recurriendo a un regulador completamente silencioso que utiliza elementos metálicos rotatorios en un campo magnético. Su funcionamiento silencioso elimina cualquier rastro de sonido que pudiera competir con el repique. El regulador magnético está patentado. Entretanto, otros constructores de movimiento se dedicaron a los detalles del diseño del calendario perpetuo retrógrado. De este trabajo surgieron dos elementos patentados.
En todo el mundo de la relojería, para casi todos los diseños y complicaciones, el software potente marca la pauta. Sí, por supuesto, las construcciones que salen del ordenador deben validarse, pero el CAD está siempre en el núcleo.
El sonido es otra cosa diferente. La prueba y error pasa a primer plano. Así ocurrió con esta grande sonnerie. Se lanzaron múltiples estudios. ¿Qué material para los gongs sonoros? ¿Acero? ¿Zafiro? ¿Cerámica? ¿Oro? Luego, ¿qué sección? ¿Completamente redonda o con formas adicionales? ¿Qué puntos de fijación? Se probó cada una de estas variables. Entre las reglas incuestionadas de la relojería está que no existe una fórmula establecida para diseñar una sonnerie. En cierto modo, es un arte oscuro. Estas son preguntas difíciles de responder con una «simple» repetición de minutos de dos tonos. Son exponencialmente más complejas cuando se hace sonar una melodía, porque el sonido debe tener alma.
Entonces surgió la cuestión de la melodía. La melodía horaria más famosa del mundo es la del Big Ben de Londres. Los relojeros llaman a su melodía «Westminster». Es la melodía preferida para los relojes de sonería elaborada, así que fue un primer candidato natural. De hecho, Hayek dice que era la «línea de base» y que «nunca pensó en otra cosa». Hasta que lo hizo.
Conduciendo toda la aventura por un nuevo rumbo revolucionario, Hayek tuvo una inspiración. La Westminster debía ser un pilar del guardatiempo, pero ¿por qué no tener una segunda melodía? Eso nunca se había visto en una grande sonnerie de pulsera. Llevó su idea aún más lejos. ¿Por qué no permitir que el propietario seleccione alternativamente entre dos melodías mediante la presión de un botón?
Una amistad de larga duracióndio lugar a la segunda melodía. La superestrella del rock Eric Singer ha estado cerca de Blancpain y de Marc Hayek desde hace más de una década. Aprovechó la oportunidad de componer la segunda melodía. Había límites, por supuesto. No podía hacer un riff de rock ni, como lo expresa Hayek con concisión, una melodía «Frank Sinatra». Singer estaría limitado a los cuatro tonos y al tempo de la primera melodía. Calificando la tarea de «divertida», Singer se puso a componer. En más de una ocasión rogó poder escribir una melodía larga. Trabajando en su estudio, plasmó 10 melodías candidatas. Juntos, Singer y Hayek se decidieron por una de las melodías de Singer como segunda melodía junto a la Westminster. Naturalmente, se bautizó como la «melodía Blancpain».
Se añadió un nuevo giro más. La profundidad de innovación de este guardatiempo fue excepcionalmente profunda. No menos de 21 patentes surgieron de la aventura. Sin duda, la calidad del acabado debía estar a la altura del nivel de excelencia mecánica. Los artistas decoradores volcarían su talento de acabado a mano sobre el movimiento, incluso en aquellos componentes completamente ocultos al propietario que solo vería el relojero que ensamblara el guardatiempo.
No obstante, los acabados resplandecientes que marcaron los primeros esfuerzos con la platina y los puentes realizados en latón rodiado (el estándar en el mundo de la relojería), Hayek quería aportar una sofisticación adicional al aspecto cambiando el material a oro rojo. Se concibieron dos colores: el matiz natural del oro rojo o el oro rojo con baño de rodio.
Un toque final. El inserto que lleva la firma Blancpain en el lado visible y la del relojero en el lado posterior.
Existe un abismo que salvar entre el final de la fase de diseño y la producción de cualquier guardatiempo verdaderamente nuevo. Ese vacío es enorme en el caso de las grandes complicaciones. Deben concebirse herramientas específicas para que los relojeros puedan acabar los componentes y ensamblarlos. Gran parte de este trabajo tiene lugar en la fase de prototipos, cuando se identifican las necesidades de herramientas particulares. Este es también el momento de la educación y la formación de los relojeros en las habilidades especia- les necesarias para un guardatiempo tan complejo. Las decisiones estéticas y funcionales finales se entretejieron en el proceso. Marc Hayek se sumergió en todos los detalles de los prototipos, identificando refinamientos antes de dar el visto bueno. Solo habrá dos relojeros que ensamblen esta nueva grande sonnerie y se producirán como máximo dos al año. Cada relojero trabajará en un guardatiempo de principio a fin o, como suele expresarse, «de la A a la Z».
Al emprender esta aventura de ocho años, habría sido fácil para Blancpain concluir que podía señalar su devoción por la alta relojería y su determinación de ir más allá de la leyenda del 1735 creando una grande sonnerie de dos tonos. No tenía que diseñar una sonnerie de cuatro martillos y cuatro tonos capaz de interpretar una melodía. No tenía que dotarla de dos melodías seleccionables mediante un botón. No tenía que integrar una versión evolucionada, de mayor frecuencia, de su tourbillon emblemático. No tenía que crear un calendario perpetuo retrógrado completamente nuevo, plenamente integrado en el movimiento. No era necesario realizar la platina y los puentes en oro rojo. No había necesidad de desarrollar 21 características patentadas para el movimiento. Esos fueron los caminos elegidos porque la Grande Double Sonnerie se convirtió en algo más que un reloj que construir y vender. Se convirtió, y es hoy, un monumento resplandeciente a la alta relojería.
Una amistad de larga duración entre Marc A. Hayek y el músico SUPERSTAR, Eric Singer, dio lugar a la SEGUNDA MELODÍA.