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Capítulo 5

¿QUÉ HAY EN UNA MELODÍA?

La complejidad relojera de hacer sonar una melodía de cuatro tonos en los cuartos.

Autores del capítulo

JEFFREY S. KINGSTON

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JEFFREY S. KINGSTON
¿QUÉ HAY EN UNA MELODÍA?
¿QUÉ HAY EN UNA MELODÍA?
Número 25 Capítulo 5

En silenciosa reverencia, uno se acerca a la copa. La inclina. La sostiene a contraluz. Observa. Huele. Prueba. ¿Y luego? ¿Cómo describir un gran vino sin recurrir a un exceso de adjetivos?

Cuando se trata de evaluar los relojes con sonería, existe una especie de ritual que sigue un patrón sorprendentemente similar. Los aficionados, como los entendidos en vino, reconocen que los fenómenos son los mismos. En realidad, muy pocos aficionados a los relojes llegan alguna vez a vivir, «saborear» es quizá la pala- bra más adecuada, la sonoridad de una grande sonnerie perfecta. Quienes lo hacen la describen con términos afines a los que se emplean para una gran añada de Borgoña. Palabras como «claridad», «brillo», «resonancia», «riqueza» y «persistencia» forman parte habitual de sus comentarios.

Todo cambia cuando la sonoridad pasa de un «ding/dong» de dos tonos a una melodía «Westminster» de cuatro notas. Si, en una sonnerie convencional de dos tonos, el tono grave representa las horas y la combinación tono agudo/tono grave los cuartos, existe una gran latitud en las frecuencias (en la afinación), tanto para la nota grave como para la aguda. Con una melodía, como ocurre con cualquier partitura, las notas deben acertar con precisión los referentes de la composición. La melodía Westminster está com- puesta por las notas Mi Sol Fa Si, cada una sonada en su propia octava, y exige por tanto frecuencias precisas para las notas. No es difícil imaginar a un director reuniendo una orquesta, o, dicho de otro modo, poniéndola «en tono» haciendo sonar una nota, por lo general un La. Es una frecuencia. Los músicos afinan entonces sus instrumentos con esa nota. Con un sistema de dos tonos hay mucha flexibilidad tanto en la afinación como incluso en la octava.

No solo la afinación debe ser correcta para cada nota, sino que la «musicalidad», por así decirlo, impone requisitos adicionales. Una nota musical no está compuesta únicamente por la frecuencia principal. Además de esta, existen armónicos que envuelven la nota y le dan riqueza. En ausencia de esos armónicos, la nota sonaría áspera y vacía. Esto es cierto tanto para un oboe como para un gong. Para la musicalidad, la presencia de armónicos envolventes se vuelve esencial.

El tempo impone un conjunto adicional de requisitos cuando se ejecuta una melodía, sobre todo porque la sonoridad es más larga y contiene más notas. Una vez establecido el tempo, el oído se sensibiliza y se acostumbra a esperar que el ritmo prosiga sin desviaciones.

Un ejemplo de la respuesta en frecuencia afinada de un gong. En los cuartos, a diferencia de una sonnerie estándar de dos tonos, ejecutar una melodía de cuatro tonos exige que las frecuencias correctas de las notas resuenen con precisión, cada una verificada con láser.  

Un ejemplo de la respuesta en frecuencia afinada de un gong. En los cuartos, a diferencia de una sonnerie estándar de dos tonos, ejecutar una melodía de cuatro tonos exige que las frecuencias correctas de las notas resuenen con precisión, cada una verificada con láser.

 

¿QUÉ HAY EN UNA MELODÍA?
¿QUÉ HAY EN UNA MELODÍA?
¿QUÉ HAY EN UNA MELODÍA?
Microajustes finos de los gongs por parte del relojero son necesarios para que las frecuencias resuenen a la perfección.

Microajustes finos de los gongs por parte del relojero son necesarios para que las frecuencias resuenen a la perfección.

LAS NOTAS

La Grande Double Sonnerie de Blancpain es el primer reloj de pulsera que ofrece dos melodías diferentes, «Westminster» y «Blancpain», que, con solo pulsar un botón, el propietario puede seleccionar y alternar. Aunque ambas melodías son únicas, las dos están compuestas por las mismas notas y se ejecutan al mismo tempo. El desafío para los diseñadores del movimiento fue concebir el movimiento para que hiciera sonar las notas en la afinación correcta y las ejecutara con el tempo deseado y constante. Un director puede pensar el «Mi» como una afinación (nota y octava); un diseñador de movimientos debe ser un poco como el oboísta que emite una nota estable, respondiendo al violín del director. El oboe, en efecto, emite una frecuencia, y es hacia frecuencias exactas hacia donde apuntaron los diseñadores del movimiento Blancpain para cada una de las cuatro notas de la Grande Double Sonnerie. Las frecuencias elegidas no solo debían corresponder a las cuatro notas musicales Mi Sol Fa Si, sino que debían situarse en el rango de frecuencias más fácilmente audible, es decir, ni demasiado alto ni demasiado bajo.

La tarea se convirtió entonces en producir las notas de forma correcta y precisa. Para comprender el proceso, un toque de ingeniería del sonido. Una sonnerie mecánica produce una nota, o, como diremos ahora, una frecuencia, mediante vibración. Todos los relojes mecánicos modernos con sonería deben su diseño fundamental a la invención inspirada de Abraham-Louis Breguet: un sistema con pequeños martillos que golpean anillos sonoros para producir una vibración audible.

Los diseñadores de Blancpain se enfrentaron al desarrollo de la combinación adecuada de martillos y anillos que vibrara de forma perfecta para formar cada una de las cuatro notas. No existían manuales, ni tablas, ni fórmulas predefinidas que ofrecieran respuestas concluyentes. La experimentación, mediante prueba y error, se impuso como método. ¿Qué material debía emplearse para los anillos? ¿Acero? ¿Cristal? ¿Zafiro? ¿Oro? ¿Qué forma de sección? ¿Redonda? ¿Cuadrada? ¿Forma uniforme o perfil variable? ¿Qué longitud? ¿En qué punto de los gongs deben golpear los martillos?

En el último instante, tras doce meses dedicados al ensamblaje de la Grande Double Sonnerie que llevará su nombre: el relojero verifica el sonido.

En el último instante, tras doce meses dedicados al ensamblaje de la Grande Double Sonnerie que llevará su nombre: el relojero verifica el sonido.

¿QUÉ HAY EN UNA MELODÍA?
La precisión del tempo en la sonoridad es esencial. Un componente clave para alcanzarla es el regulador magnético.

La precisión del tempo en la sonoridad es esencial. Un componente clave para alcanzarla es el regulador magnético.

Entraron en juego factores adicionales. En primer lugar, cuando un martillo metálico golpea el anillo sonoro, se generan vibraciones de múltiples frecuencias. Se espera, naturalmente, la frecuencia objetivo de la nota deseada, pero también otras frecuencias armónicas que aportan riqueza al sonido (llamadas «parciales»). Inevitablemente, algunas de ellas quedan fuera del rango audible. 

Desde el principio se eligió el oro como material de los gongs. La transmisión mejora cuando los anillos sonoros y la caja que los aloja comparten la misma composición. Siguieron innumerables pruebas con perfiles y longitudes distintos, que condujeron a perfiles rectangulares, así como a espesores y longitudes optimizados para producir cada una de las cuatro notas. Para complicar aún más, los diseñadores descubrieron que la variación del perfil de la sección a lo largo de la longitud de los gongs resultaba determinante para la sonoridad. La geometría del perfil desempeña un papel esencial en la obtención de un sonido musical rico, con armónicos correctamente posicionados. Este perfil variable de los gongs es objeto de una patente de Blancpain. Para cada nota, se requieren ajustes finos de la longitud de los gongs, del orden de micras, con el fin de centrar las frecuencias correspondientes; a medida que el relojero acorta un gong durante la afinación, aumentan simultáneamente las frecuencias de la nota principal y de sus armónicos. Para validar que cada tono se ejecute con precisión, como haría un director afinando una orquesta, los relojeros de Blancpain emplean un láser que permite medir con exactitud las frecuencias. La tolerancia es mínima, ya que la afinación se realiza dentro de un margen de 5 Hz por cada nota. Voilà, la afinación de una grande sonnerie, realizada con medios bien distintos de los de un oboe o un primer violín.

Entraron en juego muchos otros factores. ¿Quién apreciaría una sonnerie si su volumen fuera difícil de percibir? Al igual que las notas producidas por los anillos sonoros, el sonido transmitido por la caja y el cristal es también una vibración, estos elementos vibran y difundien en el aire las oscilaciones de los gongs en forma de sonido.

La búsqueda de un mayor volumen condujo a una invención patentada: una membrana de oro rojo, sólidamente fijada al cristal y alojada bajo el bisel, a la que se concedió, a su vez, un cierto grado de libertad de vibración. Su función es captar las vibraciones procedentes de los gongs del movimiento y actuar, en cierto modo, como un altavoz, amplificando y difundiendo el sonido desde los anillos vibrantes hacia el cristal y el bisel.

Por lo general, el cristal y el bisel de un reloj tienden a atenuar las frecuencias más bajas, lo que se traduce en cierta aspereza sonora, ya que las frecuencias más altas tienden a imponerse. La membrana patentada resuelve este inconveniente al reforzar los sonidos deseados del registro grave y filtrar, al mismo tiempo, las frecuencias más altas, menos deseables.

El tempo fue objeto de la misma exigente búsqueda obsesiva de perfección que las propias notas. Así como las notas deben resonar con precisión para que la melodía se ejecute correctamente, los intervalos de tiempo que las separan han de estar espaciados con idéntica exactitud. En cierta medida, los repetidores de minutos convencionales buscan garantizar un tempo constante mediante un dispositivo conocido como «regulador» o, también denominado «gobernador». Su función es modular y controlar la cadencia de los componentes del movimiento que accionan los martillos de la sonnerie. Cuando el muelle del barrilete que alimenta el mecanismo del repetidor tiende a hacer girar los componentes con excesiva rapidez, debido al par está al máximo al inicio de la sonería, el regulador actúa para frenarlos. Y ocurre lo contrario a medida que la sonería avanza, al descargarse el barrilete, el par disminuye y el regulador reduce su propia resistencia en el sistema para permitir, idealmente, el mantenimiento del ritmo.

La tolerancia para el tempo de la sonoridad es de 5/100 de segundo, medida y confirmada por una grabación acústica.

La tolerancia para el tempo de la sonoridad es de 5/100 de segundo, medida y confirmada por una grabación acústica.

En la historia de la relojería han existido dos grandes familias de reguladores: Por un lado, la construcción denominada «de áncora» o «de retroceso», en la que un pequeño trinquete cargado por un muelle engrana y libera una rueda giratoria de dientes profundos; el conjunto actúa, en ciero modo, como el escape de un reloj, fijando la cadencia. Por otro, el enfoque «centrífugo», en el que elementos giratorios presionan contra un alojamiento, aumentando la fricción cuando la rotación tiende a acelerarse, y reduciéndola cuando se ralentiza. Ambos sistemas generan inevitablemente un sonido propio, que compite con las notas producidas por martillos y gongs. En términos generales, los reguladores de áncora generan más ruido que los sistemas centrífugos.

Blancpain recurrió a un avance de vanguardia frente a los diseños preexistentes al dotar a la sonnerie de un regulador magnético patentado. Esta construcción innovadora emplea pequeños imanes que actúan sobre elementos giratorios. Cuando la velocidad de rotación tiende a aumentar, las fuerzas centrífugas empujan dichos elementos hacia el exterior, donde encuentran una resistencia magnética creciente. A la inversa, cuando la velocidad disminuye, los elementos son atraídos hacia el interior mediante muelles, en una zona donde la resistencia magnética es menor. El efecto resultante es el mantenimiento de una cadencia constante, pese a la variación del par a medida que el barrilete se descarga. Las ventajas son notables. El regulador magnético es completamente silencioso. Además, su ajuste resulta más preciso que el de las soluciones tradicionales y, por último, consume hasta un 50% menos de energía que las construcciones estándar.

Por importante que sea el sistema de regulación de la cadencia, la ejecución de una melodía exige un control del tempo aún más estricto. Esto es especialmente cierto en el caso de la Grande Double Sonnerie de Blancpain, que, a la hora en punto y en todos los modos de sonería (grande, petite, répétition), hace sonar los cuatro cuartos. Todas las demás sonneries de pulsera no hacen sonar ningún cuarto en la hora, su secuencia de mayor duración se produce a :45, es decir, en el tercer cuarto. Blancpain se distingue así al ofrecer la ejecución de cuartos más prolongada.

El componente central de esta ejecución melódica, que tiene lugar cada quince minutos (en la hora, a :15, :30 y :45), recibe el nombre, plenamente descriptivo, de «pièce des quarts» (pieza de los cuartos). Está provisto de dientes que activan los martillos en sucesión, siguiendo el orden de las notas requerido por la melodía. Aunque el regulador magnético controla el movimiento de la pièce des quarts, para que cada nota suene en el instante exactamente exacto el relojero encargado del ensamblaje del reloj debe realizar ajustes extremadamente finos tanto en los dientes de dicha pieza como en las puntas del componente conectado a los martillos, conocido como levée.

Cuando el diente de una pièce sobrepasa la punta de una levée, provoca su rotación, haciendo que el martillo unido a ella golpee el gong. El impacto se produce en el preciso instante en que ambos elementos se encuentran; la exactitud temporal de ese momento constituye un factor determinante del tempo. Por tanto, además de desarrollar un regulador capaz de ofrecer una precisión superior a la de los sistemas de áncora o centrífugos en la velocidad de rotación de la pièce, Blancpain centró su atención en las tolerancias de posición y forma tanto de los dientes como de las puntas, que influyen igualmente en la cadencia.

El oído humano es extraordinariamente sensible al tempo, capaz de distinguir variaciones del orden de simples décimas de segundo1, sensibilidad que se acentúa más aún cuando la sonoridad es especialmente prolongada, como ocurre en la hora completa. El estándar de Blancpain establece una tolerancia de cinco centésimas de segundo, lo que exige que el relojero realice ajustes de dientes y puntas del orden de las micras. El resultado es una melodía perfectamente cadenciada.

Nada de lo anterior pretende minimizar la excepcional pericia necesaria para realizar un repetidor de minutos de alto nivel. Se trata, más bien, de poner de relieve que la ejecución de una melodía plantea desafíos de un orden de magnitud superior. 

 

1 Una demostración convincente de la capacidad del oído humano para discernir variaciones mínimas de tempo es «Clapping Music» de Steve Reich, en la que cuatro músicos crean sonidos intrigantes variando, del orden de microsegundos, las fases del palmoteo.

Ajustes finos de los dientes de la pièce des quarts, del orden de micras, son realizados por el relojero para afinar la cadencia de la sonnerie.

Ajustes finos de los dientes de la pièce des quarts, del orden de micras, son realizados por el relojero para afinar la cadencia de la sonnerie.

Capítulo 06

DOS MELODÍAS

How to fit two complex melodies into the confines of a wearable case.

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JEFFREY S. KINGSTON
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